Ya ha transcurrido un tiempo desde que se diera a conocer la noticia de que finalmente el Parlamento catalán había aprobado la ley que regularía los clubes cannabicos en Cataluña. Ahora bien, ¿cuál es la historia detrás del libre desarrollo del mundo cannábico en nuestro país, y por sobre todo detrás de la legalización de la marihuana?
Hablemos un poco de la historia de los clubes sociales de cannabis en España, y analicemos lo que representa verdaderamente la nueva Ley catalana que regula dichos clubes.
La historia de los clubes sociales de cannabis en España
Durante la mayor parte del periodo de la España moderna, el consumo personal de drogas no pareció ser nunca un problema para las autoridades, siempre y cuando el consumidor no tuviera otros antecedentes penales graves. La mayor parte de las autoridades hacían la vista gorda ante este hecho, y la temática no pareció ser nunca un tema relevante de debate, hasta el punto de que nunca se pensó penalizar el consumo o la posesión personal de marihuana.

Si bien es cierto que esta política de libertad con respecto al consumo de marihuana y otras drogas similares sigue vigente hasta hoy en día, también es cierto que en el año 1992 se aprobó La Ley de Seguridad Ciudadana (Ley Orgánica 1/1992 de febrero, sobre Protección de la Seguridad Ciudadana, también conocida como Ley Corcuera o de “Patada en la puerta”) que imponía multas para todos aquellos ciudadanos que consumieran o tuvieran en posesión este tipo de drogas, en lugares públicos.
La brecha catalana. ARSEC
En respuesta a la nueva ley que sancionaba el consumo y la posesión libre de marihuana y otras drogas, se creó a principios de los años noventa en Barcelona, la Asociación Ramón Santos de Estudios sobre el Cannabis (ARSEC), la cual se convertiría en la primera organización activista de cannabis. En el año 1994, dicha asociación plantó alrededor de 200 plantas de marihuana en un acto reconocido hoy en día como la brecha catalana. De inmediato las plantas fueron confiscadas por las autoridades, y los miembros de la organización fueron arrestados.
Si bien los juzgados de las audiencias provinciales se encargaron absolvieron al grupo activista, tres años después el Tribunal Supremo falló en contra de la asociación de cannabis imponiendo penas de prisión junto con una multa de unos cuantos miles de euros.
La brecha vasca. Kalamudia
Claro está que, en dicho momento, los demás grupos activistas cannábicos que habían surgido desde la fundación de ARSEC se opusieron rotundamente al fallo emitido por el Tribunal Supremo, y en forma de réplica uno de estos grupos cultivó cannabis como símbolo de protesta, en un acto que se conocería como la brecha vasca. Las autoridades acusaron al grupo activista por “delito contra la salud pública”, solicitando de manera inmediata permiso judicial para destruir las cosechas de Kalamudia.
Pero en esta ocasión, el Tribunal Supremo desestimó el caso, fallando así a favor de Kalamudia, no dejando que las autoridades destruyeran las plantaciones de cannabis de la asociación. Este movimiento sería el que daría a las asociaciones cannabicos y al movimiento de regularización de cannabis en Euskadi, en España y de todo el mundo la confianza necesaria para seguir luchando por un plan de consumo y posesión libre de marihuana, lo que culminó luego en la creación del Club de Catadores de Cannabis de Barcelona en 2001.
La evolución del modelo de club social de cannabis español
El Club de Catadores de Cannabis de Barcelona se convertiría entonces en el primer club que ofrecía a sus participantes un espacio privado de consumo libre de productos cannábicos elaborados incluso por el mismo club.
Hasta el momento de la creación del club, las asociaciones cannábicas en España se limitaban tan solo a plantar marihuana y distribuir el producto entre sus miembros. El CCCB junto a otros clubes que surgirían después, fueron los que allanaron el camino para una cultura cannábica floreciente en todos los territorios del Estado español.
Es así como la creación de los clubes cannábicos fue imprescindible para lograr una visión más flexibilizadora y positiva en cuanto a la temática del libre consumo y posesión de marihuana y otros productos cannábicos a nivel mundial.
Al principio el crecimiento de los clubes sociales cannábicos en el territorio español fue un tanto modesto y hasta en ocasiones opacado por ciertos conflictos con las autoridades. Sin embargo, el proceso fue en crecimiento y constante aceleración contando en el año 2009 con 14 clubes cannábicos en Cataluña, y otro puñado más distribuidos en otras comunidades autónomas.
Ahora bien, con poco más de 14 clubes cannábicos en todo el territorio no parecía ser realmente un problema para las autoridades, hasta que tres años después los clubes cannábicos pasaron de ser 20 a 200, tan solo en Barcelona. Es entonces cuando comienza a gestarse un verdadero problema en cuanto a la regularización de clubes cannábicos en España.
Entre 2012 y 2015, comenzaron a abrirse diversas causas penales en contra de diferentes clubes cannábicos a través de los miembros de la junta directiva y de otros trabajadores de las asociaciones, como lo son Pannagh, Green Lemon, 3 Monkeys, Maria de Gracia, La Mesa, ABCDA y otros, a los cuales se acusaba por delitos asociados a atentar contra la salud pública y otros actos ilícitos (como asociación ilícita, etc.).
Si bien es cierto que en la mayoría de los casos los juzgados provinciales fallaban a favor de los clubes cannábicos, también es verdad que tras los recursos de la acusación, instancias superiores optaban por revertir los fallos, aplicando sentencias a los clubes, aunque no se caracterizaban estas por ser demasiado significativas.
¿Cómo está regulado el cannabis en España?
Existen dos derechos básicos que rigen hoy en día la legalización de la marihuana en España.
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Derecho a la intimidad: El ciudadano español puede hacer lo que quiera en privado, incluso consumir drogas. Dicho derecho también ampara a aquellos consumidores que deciden plantar marihuana para consumo personal, aunque no se aclare muy bien cuántas plantas se pueden plantar, siendo esto más bien un derecho genérico.
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Derecho de la asociación: Los ciudadanos tienen el derecho de reunirse en grupos. La Constitución, así como la Ley Orgánica 1/2002, de 22 de marzo, reguladora del Derecho de Asociación y otras leyes autonómicas, amparan a aquellos ciudadanos que desean agruparse para plantar o consumir cannabis en un espacio privado.


Ahora bien, la Constitución Central ampara estos dos derechos, pero esto no significa que los clubes de cannabis estén también regulados por él; de hecho, no lo están. En teoría, la Constitución española permite la existencia de dichos clubes, siendo siempre las autoridades autónomas las que atentarán en contra de la existencia de estos, intentando controlarlos y regularlos.

En Cataluña existen hoy en día más de 600 clubes cannábicos con aproximadamente 200 socios cada uno. Al no haber existido ninguna ley de regularización hasta la fecha, algunas de dichas asociaciones se han convertido en grandes negocios en la ciudad de Barcelona, especialmente a la hora de llamar la atención de todo tipo de turistas.


